Friday, December 05, 2008

Feedback desde Tabogo:


desde Bogotá, donde pasé la semana pasada, Tabogo según Caicedo, me llega mucha info,
más de la que puedo colocar, pero el libro está provocando y alterando y, lo que me deja más contento, está cambiando la mirada que los propios colombianos tenían de AC

esto es del
del semanario colombiano SEMANA,
un impresionante articulo escrito por Eduardo Arias

El lugar que merece


Mientras América Latina comienza a descubrir a Andrés Caicedo, Mi cuerpo es una celda, autobiografía basada en cartas y textos personales, muestra que es mucho más que un autor para adolescentes.


Andrés Caicedo, uno de los secretos literarios mejor guardados que tenía Colombia, comienza a hacerse famoso en el resto de América Latina. Caicedo, de quien en Colombia se habla desde hace más de 30 años a raíz de su suicidio, su novela Que viva la música y algunos de sus cuentos más recordados, era un ser casi desconocido en el resto del continente, y si acaso su nombre se conocía en circuitos muy cerrados, de culto.

¿A qué se debe el cambio?

Uno de los grandes responsables es el escritor chileno Alberto Fuguet, quien acaba de publicar con Editorial Norma Mi cuerpo es una celda, una autobiografía que él armó con base en cartas a amigos, textos personales y sobre cine de Caicedo, varios de ellos inéditos. Fufuet lo lanzó en la pasada Feria del Libro que se celebró en Santiago. "En Chile Caicedo no existía y al libro le ha ido increíble. Después del lanzamiento estuve sentado dos horas firmando ejemplares". Y agrega que en Chile y Argentina les parece un escritor extremadamente contemporáneo. "No se creen que haya escrito en los años 70".

Diversas columnas y noticias en diarios argentinos de circulación masiva, como Clarín y La Nación, con motivo de la edición en ese país de Que viva la música o del lanzamiento de Mi cuerpo es una celda, refrendan la afirmación de Fuguet: "Andrés Caicedo, el James Dean de la literatura latinoamericana". "Muerte y resurrección: El escritor colombiano Andrés Caicedo se suicidó en 1977, a los 25 años. Mito 'punk' e hijo de una ciudad enferma, comienza a editarse en la Argentina" o "¿El año caicediano?" son apenas algunos ejemplos.


Según Fuguet, Andrés Caicedo empieza, por fin, a tomar su lugar en el mundo, y señala que muy pronto será traducido al alemán. "Es necesario sacarlo del culto, del terreno adolescente y darle su verdadera dimensión".

Fuguet, autor de novelas como Mala Onda, Tinta Roja, Las películas de mi vida y la novela gráfica Road Story, aparece en los créditos de Mi cuerpo es una celda como si hubiera sido el director y el responsable del montaje de una película. Porque en realidad eso fue lo que hizo. Armarles a los lectores la verdadera película de Andrés Caicedo. Mostrar que el personaje cargado con la aureola mítica de haber sido un roquero mechudo y salsómano que azota baldosa en la Sucursal del Cielo en realidad era un ser atormentado, confundido, de una fragilidad extrema y que no se suicidó por un gesto generacional (aquello de que "no vale la pena vivir más de 25 años"), sino porque la vida le quedaba muy grande. Algo de eso se había comenzado a insinuar en algunos de los textos y las cartas de Caicedo antes publicados, (sobre todo en El cuento de mi vida), pero Fuguet lo hizo más que evidente al acceder a un material que hasta hace poco tiempo la familia Caicedo Estela no había considerado pertinente que se hiciera público.

La lectura de estas páginas, armadas por Fuguet con la precisión de un cirujano, revela gran parte de los temas que tanto lo atormentaron. Para hacerlo se valió de cartas, textos sobre su vida cotidiana, e incluso críticas sobre películas. Pero no son la simple selección y la transcripción de textos en un orden más o menos cronológico. Fuguet tomó fragmentos de escritos, fusionó cartas escritas el mismo día a varias personas para sacar lo más relevante de cada una de ellas y, además, incluyó algunas reseñas críticas sobre películas que había visto.

"No se trataba de hacer un libro de cartas", advierte Fuguet. "Me di cuenta de que cuando Andrés escribía sobre cine, hablaba de las películas y, a través de ellas, sobre todo hablaba de sí mismo. Esos textos de cine son parte clave de su vida. No se puede entender a Caicedo sin el cine, sin su interés por el cine".

Y tal vez uno de los detalles más llamativos de esta creación a cuatro manos entre dos personajes que jamás se conocieron es que Caicedo y Fuguet tienen en común el gusto no sólo por la literatura, sino también por el cine. Y fue gracias al cine que Fuguet se enteró de la existencia de Andrés Caicedo.

"Armar este libro fue labor de detective", recuerda. Todo comenzó en 2000, cuando Fuguet miraba libros en una librería de Lima y se encontró con Ojo al cine, la antología de textos cinematográficos de Andrés Caicedo que recopilaron en 1997 Luis Ospina y Sandro Romero Rey, los curadores de la obra de Caicedo (ver recuadro).

Fuguet encaró su misión con toda la seriedad. "Yo quería averiguar quién era este escritor misterioso. Quería resolver el caso y resolverlo bien. Quería saber quién era ese autor que hubiera querido haber leído antes, ese cinéfilo latinoamericano globalizado. Además, colombiano. Si hubiera sido un autor ecuatoriano o peruano, de pronto el personaje no me habría llamado tanto la atención. Pero me pareció irresistible descubrir que en el país de Gabriel García Márquez había existido un escritor que se había adelantado a McOndo".

No sobra recordar que Fuguet se dio a conocer en el continente a raíz de la antología de cuentos McOndo, en la que él y otros autores querían decirle al mundo que el realismo mágico era cosa del pasado y que ya era hora de oír las voces de un continente de ciudades abiertas a las influencias del planeta entero.

Para Fuguet, Caicedo fue una víctima de su época. Por un lado, hace 30 años era muy difícil mostrarse a la sociedad como alguien débil y frágil, y más en sociedades machistas como las de América Latina. Por el otro, él percibe que, más que escribir, Caicedo quería hacer cine. "Tal vez habría escrito menos novelas y cuentos", aventura Fuguet, y habría sido ante todo ensayista y director de cine. Con las facilidades tecnológicas de comienzos del siglo XXI lo ve como un blogger compulsivo y, como escribe en el ya citado making of, "Internet Movie Database habría sido un lugar ideal donde volcar su trivia, los chats lo habrían conectado con otros 'freaks', las cámaras digitales lo habrían ayudado a filmar sus cintas de terror y una colección de videos o DVD lo hubría dejado dormir tranquilo: ahí, en un estante, en orden alfabético, habría podido guardar todas esas imágenes que ya no le cabían en la cabeza".

América Latina comienza a descubrir a Caicedo. Y, gracias a Fuguet, una voz internacional y ajena a cualquier relación de tipo afectivo o generacional con Caicedo, Colombia por fin podrá salir del síndrome bipolar de verlo ya sea como el genio drogo, bacano y adolescente o como el invento de unos adoradores. Basta leer Mi cuerpo es una celda para corroborar lo que dice Fuguet: lo más importante de Andrés Caicedo no son sus novelas y sus cuentos, sino Andrés Caicedo mismo.




Sandro Romero Rey:
“Un libro necesario”

Desde comienzos de los años 80, Luis Ospina y Sandro Romero Rey se dedicaron a clasificar las obras inéditas de Andrés Caicedo. Sandro Romero Rey así opina del trabajo que realizó Alberto Fuguet con el material de Caicedo.

"Mi cuerpo es una celda es un libro demoledor. No se trata de "otro-libro-de-Andrés-Caicedo". Se trata de una relectura de un autor, de un 'personaje' convertido en un misterio mucho más profundo y complejo, luego de la lectura de este texto armado por el escritor chileno Alberto Fuguet. Gracias a su mediación, los lectores asiduos de Caicedo pueden tener una mirada desconcertante de muchos de los textos del obsesivo autor caleño. Pero, más allá de la constatación de su genio indudable, uno puede ser testigo de la inmensa y sincera tragedia que reposaba en el corazón de Andrés, sólo resuelta con la accidental dosis de seconales del 4 de marzo. Mi cuerpo es una celda es un libro como pocos: terrible, desgarrador, ingenuo, doloroso, divertido. En una palabra: necesario".

Saturday, December 20, 2008

tartamudo y malo para bailar

esta nota-entrevista de Quique Planas apareció en El Comercio de Lima el
domingo pasado, después q estuve "presente" via Skype en la presentación
de CELDA en Peru el viernes anterior. Poco a poco, supongo, el bombardeo
Caicedo irá disminuyendo... pero la verdad es que la recepción crítica, mediática
y de ventas ha sido notable. Caicedo es, ahora, un autor que es parte del mapa
literario

EN LA FERIA DEL LIBRO. Andrés Caicedo y "Mi cuerpo es una celda"
El salsero que no sabía bailar

ORDENANDO Y EDITANDO TEXTOS Y CARTAS INÉDITAS, ALBERTO FUGUET RECONSTRUYE LA COMPLEJA Y CONTRADICTORIA VOZ DEL MÍTICO ESCRITOR CALEÑO

Por Enrique Planas

Lo admiraba como crítico de cine, pero nunca creyó del todo en las virtudes de su literatura. Por eso, el escritor chileno Alberto Fuguet siempre pensó que faltaba una gran obra en la producción del tempranamente desaparecido autor colombiano Andrés Caicedo (Cali 1951-1977). Razón por la cual, decidió componerla él mismo.


Así, con originales dispersos y heterogéneos de Caicedo, correspondencia y prosas en gran parte inéditas, a las que nadie había puesto atención, Fuguet compone (o dirige) un verdadero documental literario. Mi cuerpo es una celda (La otra orilla) es, para el autor de "Mala onda" , la obra cumbre del autor caleño y el resto, libros como "El atravesado" o "Que viva la música", serían, más bien, textos complementarios.

Una "obra cumbre" fabricada, paradójicamente, con las sobras que dejaron otros editores que bucearon en los baúles llenos de manuscritos que el joven escritor dejó al suicidarse a los 25 años, horas después de recibir la primera edición de su novela "Que viva la música".

"Tradicionalmente, si un escritor joven muere y ha dejado material, lo primero que uno mira son sus cuentos y novelas. Se consideraba que un escritor importante era el más creativo, el más dotado para contar historias. Pero hoy, está más legitimado pensar que un escritor es alguien que no solo narra sino que se confiesa, que se desnuda, que reflexiona, que critica. Por eso me atrevo a decir que una parte importante de su obra está en "Mi cuerpo es una celda", señala el escritor chileno vía telefónica, horas antes de participar, a través de una teleconferencia, en la presentación del libro en la Feria Ricardo Palma, realizada el pasado viernes.

Sin duda, profundizar en la vida de un escritor maníaco depresivo, brutalmente obsesivo, y contradictorio hasta el límite, era una empresa agotadora. "A pesar de que yo le tenía cariño como personaje, y había tomado la decisión de protegerlo, a veces me hacía la vida insoportable", confiesa Fuguet. Pero la fascinación por este personaje genial y complicado compensaba cualquier agotamiento.

Por cierto, aquel lector que busque una clave que explique la razón de su suicidio, encontrará más bien una suma de razones y sinrazones. "Para nada tengo la respuesta de por qué se suicidó. Pero lo que sí tengo claro es que no tenía que ver con lo que él decía, que la vida no valía la pena vivirse después de cumplir los 25 años. Creo que el libro logra desenmascarar la pose. En verdad, Caicedo no era tan rocanrolero como él mismo se creía. Y tampoco sabía bailar salsa, algo increíble para quien escribió una novela como "¡Que viva la música!" Al final, Andrés era un tartamudo, un tipo que veía películas todo el día, una persona dañada y escindida", explica.

Sin embargo, en la estructura de esta autobiografía editada 30 años después de su muerte, Fuguet muestra cómo un fracasado viaje que Caicedo hace con 24 años a Hollywood con la ingenua idea de vender un guion cinematográfico motivó el derrumbe anímico del escritor.

"Claramente el viaje a Estados Unidos marcó un antes y un después en su vida. Caicedo no volvió a ser el mismo. Este chico con un apellido que le abría puertas en Cali llega a Hollywood, donde cree que por saber tanto de cine le abrirían las puertas como si llevara una tarjeta Gold Visa. Pero solo hace el ridículo. Caicedo quedó dañado de ese golpe. A partir de allí el edificio empezó a derrumbarse", afirma el escritor.

Monday, December 08, 2008

"abrazarlo... protegerlo en su caída... salvarlo"

un gran y muy largo texto en el Excelsior del DF
a cargo del gran José Noé Mercado, un lector privilegiado y
un gran cinéfilo

me dicen que, post FIL, el libro ya estará llegando a todas las liberías de México




Andrés Caicedo revive con ayuda de Fuguet

x José Noé Mercado
Excelsior

GUADALAJARA.-“Me gusta que la gente piense que ya estoy acabado, para que reciban de tanto en tanto la sorpresita”, escribió Andrés Caicedo, quien está de regreso al mundo. El 4 de marzo de 1977, a los 25 años de edad, murió el escritor y cinéfilo colombiano sobre su máquina de escribir, luego de recetarse 60 seconales. Pero ahora, como en una cinta clase B, nos da la sorpresita de volver, para finalmente ser reconocido fuera de su país, a través de Mi cuerpo es una celda, suerte de documental del escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet.

Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma) es un libro que, después de estrenarse en Chile y Colombia, se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Se trata de una autobiografía, de un testimonio de puño y letra de Caicedo, bajo los créditos de dirección y montaje de Fuguet, quien en el making of explica:

“Caicedo no escribió este libro tal como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que está en el libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y ‘escritos’”.

A partir de este magma, Fuguet esculpe un conmovedor testimonio en primera persona (la de Caicedo), que al tiempo que nos muestra su vitalidad y pasión por la literatura y el cine, se desgarra y fisura irremediablemente como existencia, en la soledad, en la incomprensión, en la urgencia de conectar con el mundo: pero en la conciencia de su imposibilidad. Caicedo, igual que le pasaba con el baile de la salsa, quería pero no podía:

“He soñado que muchas mujeres me asedian, que quieren bajarme los pantalones y yo nunca me dejo: aterrado ante la idea de que encuentren, allí donde esperan vigor, tiesura, un pedazo de músculo flácido porque se encuentra desencantado con el mundo, porque él mismo ya no quiere darse gusto de vida, sino que viene buscando la muerte”.


El mérito de Fuguet radica no en la simple recopilación y armado de textos, sino en comprender y enfocar la sensibilidad de Caicedo para llevar las premisas (un chico cinéfilo y suicida, de pelo largo y gafas onderas, tartamudo y fiestero) hasta el encuadre de un personaje profundo y empático que despierta en el lector la ansiedad de abrazarlo y, quizás, protegerlo en su caída, para contribuir a una salvación.

El narrador chileno muestra sus dotes de director y usa diversas tomas y planos para encontrar detalles y matices entrañables en Caicedo: lo leemos, por ejemplo, en poemas, posts, ensayos, crónicas, críticas, contemplando su ciudad, su río, dialogando por carta muchas veces sobre la cultura pop o, simplemente, tirado durante una hora en el suelo de su habitación, en silencio y completa oscuridad. De lo anterior, puede deducirse que la estructura de Mi cuerpo es una celda es sólida, pero ágil, imaginativa, de lectura rápida y con punch.

Este libro es el fruto de un encuentro epifánico de Fuguet con Caicedo. El chileno supo de Caicedo en 2000, en Lima, Perú, pues en la hoy desaparecida librería La Casa Verde, mientras hacía hora, encontró su libro Ojo al cine: “Veo los datos del autor: 25 años, colombiano, y empiezo a hojear: James Dean, Roger Corman, Taxi Driver, películas de terror, cosas muy actuales, y digo: ‘qué es esto, de dónde salió’.

“Compro el libro, me voy al aeropuerto, me subo al avión, son tres horas a Santiago, y aterrizo otra persona. Fascinado, me encuentro con el hermano que siempre anduve buscando, con el par, con el tipo que yo sentía que me hacía falta para haber sido menos atacado, alguien que me habría podido proteger, que me habría podido decir ‘tú también puedes escribir de esto, no está mal escuchar música en inglés, no eres un traidor por escuchar a Radiohead o a The Rolling Stones, en vez de escuchar rancheras: tú puedes ser chileno o peruano, ecuatoriano, colombiano o mexicano, ver películas extranjeras y, sin embargo, procesarlas localmente’”.

Fuguet afirma que “Caicedo es un escritor que puede viajar. Su lenguaje, sobre todo en sus textos de no ficción, no es tan difícil, raro o colombiano como la gente podría pensar, sino el de un autor contemporáneo, moderno y nuevo, que puede viajar también a otros idiomas. Para cualquier persona que la haya pasado mal, ya no digo alguien que se ha matado o está en ello, que haya dudado de sí misma, que esté insegura o que sienta que algunos se han burlado de ella, es un autor impresionante porque escribe desde el corazón.

“Más allá de la figura del pelo largo o de aquello de que todo el día estaba como volado, Andrés Caicedo, claramente, escribió. Hay toneladas de sus cartas. Las de cine son alucinantes, porque Andrés era un cinéfilo que veía de todo: desde basura hasta gran arte. Era un tipo que veía a François Truffaut, a Roger Corman. Cuesta imaginarse que Caicedo escribió al final de los 60, en América Latina. O sea, si fuera norteamericano habría sido contemporáneo de Jack Kerouac o William Burroughs, de la Beat Generation, o de gente más grande que él, como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald".


“En su momento, Andrés escribía como nadie en América Latina. Cuesta muchísimo entender que en una ciudad de provincia, en Colombia, en los mismos años de Cien años de soledad, había un tipo que sin internet, sin VHS, sin YouTube, parecía que estaba viviendo en Nueva York. Era un tipo con la información que yo. Aun hoy, conozco muy poca gente que la domina. Creo que hay muchas formas de entender a Andrés Caicedo, pero, entre otras facetas, es el gran cinéfilo latinoamericano. Hay gente que va al cine para huir. Andrés iba a refugiarse. Se dio cuenta que afuera la vida no era tan buena y que había que ver cine. Él vio películas para salvarnos a nosotros. Porque, más que un crítico, quería que la gente fuera a ver las mismas cintas que él había visto. En ese sentido, era un psicópata, un cinépata. Él sentía que la gente debía ver sus películas y que, logrando eso, iba a salvar al mundo. A lo mejor se dio cuenta que, en el fondo, no iba a poder salvarse él, pero si la gente veía las películas que él veía, el mundo iba a ser mejor. Y yo creo que el mundo, efectivamente, es mejor por Andrés”.

Sunday, November 09, 2008

conversando acerca de Caicedo

hoy se lanza oficialmente, en Santiago, no en Cali, Mi cuerpo es una celda...
la autobiografía de Caicedo. Es raro pero lógico que yo esté tan presente y que me toque a mi presentarlo y dar entrevistas pero bueno, Andrés no está...

he ido a radios y hablado con periodistas y siento que la meta se está logrando:
Caicedo para contempóraneo, Caicedo ya es un autor q existe (dejó de ser un secreto)
y es parte ahora del mapa literario latinoamericano.

posteo una charla con Alejandra Zúñiga de La Tercera.com
q toca temas y aclara cosas
respecto de AC y del libro





Alberto Fuguet:
"Quería demostrar que un escritor joven, rockero y cinéfilo también puede ser un autor universal"

Alejado del realismo mágico, la figura del colombiano Andrés Caicedo, quien se suicidó a los 25 años, es recuperada por el chileno quien lanzó la autobiografía Mi Cuerpo es una celda.

Alejandra Zúñiga C.

Parece un invento pero no lo es. Un artista joven, lúcido, excéntrico, loco y suicida. De pelo largo y grandes lentes, sorprende saber que Andrés Caicedo no sea un personaje, más aún cuando la presentación fuera de su Colombia natal la hace el chileno Alberto Fuguet, un escritor que hizo de las experiencias juveniles, urbanas y cinéfilas, parte importantes de su obra.

Mi Cuerpo es una Celda (Editorial Norma) es el título del libro con el que Fuguet recupera la figura de Caicedo a través de sus cartas, críticas de cine y múltiples escritos, que el autor elaboró a lo largo de sus 25 años de vida casi en forma compulsiva. Un escritor precoz, hiperkinético e introvertido, que como héroe trágico de novela puso fin a su vida pocas horas después de editar el libro ¡Que Viva la Música!, ingiriendo 60 tabletas de seconal.

"Uno anda buscando héroes, escritores que no sólo te gusten en el libro sino también que sientas una conexión, gente que uno sienta que toca temas parecidos, que piensan lo mismo, en el fondo uno anda buscando amigos, personajes que se parezcan a los amigos que uno tiene en la vida real", comenta Fuguet a LaTercera.com.


El escritor que llegó a relacionarse con la familia de Caicedo como un fan cualquiera, terminó accediendo al universo íntimo del autor que conoció por casualidad en un librería de Lima, cuando se acercó atraído por el título de Ojo al Cine, libro que reunía las críticas cinematográficas hechas por el autor colombiano para un diario de Cali y su propia revista. Sin embargo, Fuguet encontró en él algo más que un "amigo", halló al "hermano mayor de McOndo", aquella antología de jóvenes escritores publicada por el autor de Por Favor Rebobinar y Sergio Gómez en 1996 y que se planteaba desafiante contra el realismo mágico, proponiendo la visión de un territorio global e hiperconectado donde los jóvenes y sus costumbres cada vez más influenciadas por la cultura estadounidense son protagonistas.

"Siempre me había llamado la atención que en América Latina no hubiese un equivalente a ciertos autores europeos o norteamericanos urbanos, lo más parecido era Vargas Llosa o Manuel Puig pero no había un Andrés Caicedo, sentía que alguien como él faltaba y después me di cuenta que existía pero estaba escondido y además muerto", afirma, y agrega que "uno de los temas que más me llamó la atención es que fuera colombiano, creo que si hubiese sido de otro país no me hubiera atrevido a gastar tanto tiempo en él, porque es fascinante que sea del mismo país que inventó el realismo mágico y me parece increíble que los textos que aparecen en este libro los haya hecho mientras ese movimiento se armaba. Por ejemplo, iba leyendo Cien Años de Soledad, que en esa época era un libro nuevo, y a pesar de disfrutarlo no se contaminó, tenía un mundo tan urbano, tan personal y tan interesado en el futuro, que no se tiñó de eso".

MAKING OFF

La intención de Fuguet con este libro -que se lanza este domingo a las 19 horas en la Feria del Libro de Santiago- era clara: hacerle justicia a un escritor necesario para la historia de la literatura del continente, desconocido en Latinoamérica pero de verdadero culto en Colombia, donde "causa fanatismo, en los colegios recitan sus cartas y cuentos, se roban la lápida de su tumba, las chicas andan con poleras con su cara y hacen firmas para que a un parque en Cali le pongan su nombre", comenta.

Una verdadera estrella rockera. Con esta idea en mente, el escritor comenzó su trabajo de recopilación del material entre amigos y familiares, sin embargo a poco andar se dio cuenta que tanto la biografía como el epistolario no correspondían para un personaje inexistente para la gran mayoría de los lectores, por lo que el proyecto se transformó en una autobiografía contada por el mismo a través de sus escritos.


"Todos me contaban historias muy contradictorias y me di cuenta que hablaban más de sus experiencias con él que sobre Caicedo mismo, me contaban que habían tenido historias muy intensas con él de amistades, drogas, amores, y era imposible que este tipo hubiera podido escribir tanto con una vida así de vertiginosa, por eso al leer con calma me di cuenta que si lo editaba, podía transformar muchas de sus cartas en textos, en una historia. Quería demostrar que un escritor joven, rockero, cinéfilo y drogadicto también puede ser un autor para todas las edades, la meta era cortarle el pelo, jugar con eso, y creo que se logró", afirma.

Sin embargo, ante las supicacias de cuánto montaje hubo involucrado en la realización del libro, Fuguet defiende su trabajo aclarando que "nunca alteré, no mentí, lo único que escribí es la dedicatoria en la que resumí sentimientos y frases literales suyas; de igual forma, habían cartas en las que yo veía que él se iba por las ramas, cartas muy bonitas en las que hablaba tanto del tiempo como de quien le debía plata, entonces hice un orden pero sin manipular, las fechas son todas reales, el tiempo también y ahi me dí cuenta que él iba cada vez mas en picada", afirma.

Friday, December 05, 2008

en las zapatillas de AC


entrevista x mail con Rodolfo García para Paula.com
acerca de... claro, acerca de Caicedo

pronto mas data de Bogotá

Fuguet: En las zapatillas de Andrés Caicedo

Por Rodolfo García.

Andrés Caicedo vivió una corta pero vertiginosa carrera como crítico, escritor y dramaturgo. Nacido en Cali, Colombia, se suicidó a los 25 años en marzo de 1977, luego de recibir por correo el primer ejemplar de su libro Qué viva la música, hoy obra de culto, e ingerir 60 pastillas. Mi cuerpo es una celda es su autobiografía póstuma, dirigida y editada por Alberto Fuguet a partir de diarios de vida, notas y correspondencia epistolar.

El escritor chileno comparte el gusto y la sensibilidad de Caicedo frente al cine, y quedó impresionado cuando años atrás descubrió Ojo al cine, sus escritos cinéfilos. Desde un viaje por Sudamérica que incluye lanzar Mi cuerpo es una celda en Colombia y asistir a la Feria del Libro de Guadalajara en México, Fuguet contesta por e-mail entre aviones, entrevistas y hoteles.

¿Cómo sitúas a Andrés Caicedo dentro de la crítica latinoamericana?
Uno de los mejores, uno de los adelantados. Si bien creo que Héctor Soto es el mejor crítico de cine latinoamericano del siglo XX (que seguirá siendo notable durante el XXI, pero su ADN es claramente Siglo XX), creo que Caicedo es el líder de un movimiento crítico (de cine, de libros, de tele, de rock) donde lo que importa no es tanto lo que se sabe o lo que informa, sino lo que se siente. A Caicedo quizás no le dejarían escribir en Mabuse. Caicedo parece más un colaborador de El Amante, la revista argentina de cine.

¿Por qué?
Caicedo cometió un error para el siglo XX: Caicedo debía hacer suyas las películas. Escribía mejor cuando una cinta le gustaba. Sentía que existía una guerra fría entre buenos y malos. Esparcía el evangelio, su evangelio (como tratar que todos vieran Lillith de Robert Rossen cuando nadie la vio). Caicedo proyectaba su vida y lo que vivía a la película. Usó la crítica para hablar de sí mismo y del mundo, no entendía la crítica para dar clases o enviarle recados al director o para pasar de intelectual. Era un crítico lúcido, con una prosa impresionante, un estilo notable y era capaz de ver lo que otros no veían.

¿Qué te llamó la atención de su sensibilidad?
A cada rato uno se topa con escritores que son brillantes, inteligentes, pero no tengo claro si son sensibles. Caicedo era quizás demasiado sensible y, respecto a su sensibilidad, ese punto de vista particular con que veía el mundo, no sólo me llamó la atención sino, por cierto, simpaticé. Sentí que encontré un amigo, un hermano mayor. Creo que es, sin duda, el eslabón perdido de McOndo. Su padre o su hermano mayor.

¿En qué sentido?
Me gusta que sea urbano, que no tomó en cuenta el realismos mágico de Gabo, que no entendía la vida sin el cine, que consideraba que la cultura pop era cultura, que a pesar de ser rockero y obsesionado con la cultura yanqui, tenía distancia y era capaz de apreciar lo mejor del resto del mundo, que creía en la salsa, que devoraba a Vargas Llosa y Alan Poe, que era un perdido, que no tenía claro y a la vez la tenía clara, porque si no escribía moría, porque detrás de su look Morrison era un nerd tímido y tartamudo.

Voces múltiples

¿Por qué escogiste la primera persona, lo subjetivo, como tono?

Surgió solo. Me di cuenta que no me interesaba hacer una novela histórica ni menos una biografía. Y al captar que tenía sus palabras, la idea de intentar escribir como él me pareció una falta de respeto. Además, tampoco sabía todo lo que había vivido o sentido. Al empezar a leer este material capté que él tenía un libro que no estaba armando u estructurado, pero que sí estaba escrito, que es lo que importa.

¿Cómo es eso?
Leyendo y, a medida que me encontraba con sus cartas, entendí que la posibilidad de ingresar a su mente, como Cusack ingresa a la Malkovich, era alucinante. Y aterrador. Y triste. La idea de poder ingresar a una mente torturada me fascinó. El tono es de él, conmigo como un editor duro que no lo dejaba repetir, irse por las ramas, etcétera. En breve: por qué no usar a Caicedo si tenía a Caicedo. Para que ir a escuchar a un grupo de imitadores si tienes al verdadero.

¿Cómo sientes que opera lo fugaz en Andrés Caicedo?
Fugaz fue su vida y corría y escribía corriendo y no tenía tiempo pues sentía que se le iba y lo hacía todo a la rápida, con intensidad. Quizás era volátil pero no se evaporó, ni siquiera su alma. Su cuerpo fue quizás su celda pero sus palabras lo liberaron y voló. Ahora está vivo, volando, conquistando hermanos y primos en todas partes de América Latina y, no se cabe duda, pronto en otros idiomas. Caicedo, como todos, era varias personas en una.

¿Varias personas en una?
A veces su lado B y C se integraban y lo hacían el tipo brillante que era. Recordemos que murió a los 25 y dejó una gran obra. ¿Cuánta gente conoces de 25 que tiene obra? Yo estaría muy incómodo si mi propia “carrera”, hubiera terminado con Sobredosis. La verdad es que me daría entre asco y vergüenza. Mal. Ahora Caicedo era un ser débil, bipolar quizás, fracturado y, sobre todo, escindido. A veces no podía integrar su lado B y con su A y ahí empezaron los problemas. Problemas que lo llevaron al final que todos sabemos: muerto a los 25 y, lo que es peor, más triste, seducido y adicto a la muerte desde por lo menos los 22.

http://www.paula.cl/blog/libros/2008/12/04/fuguet-en-las-zapatillas-de-andres-caicedo/

Monday, November 17, 2008

la vida, el cine, la cinefilia, la patologia y la muerte


después de hablar tanto de blogs, y conocer tanto bloggers en Baires en el marco de la FILBA, dudo q postear, si soy blogguer, etc, pero bueno...
creo q este es mi blog (pronto los 2 se unirán en www.albertofuguet.cl) y mas q hacer literatura, supongo que hablo y posteo y sampleo acerca de temas q me interesan relacionados con cine y literatura y, claro, las cosas que voy creando
(lo q en Argentina llamaron
autobombo).

eso

aqui va una estupendo análisis de Héctor Soto en La Tercera del sábado
acerca de
Mi cuerpo es una celda.

DATO: en Chile ya está en todas partes, está llegando a Perú en unas 2 semanas, y ya está -creo- en Colombia y Mexico. Ecuador y Venezuela, pronto.

ARGENTINA Y URUGUAY quedaron para la epoca de la Feria del Libro y del Bafici. Entre otras cosas por lo bien que le está yendo a Caicedo con
Que Viva la Música (con un prólogo y un apoyo emocionante del gran Fabián Casas).

Eso
aqui Soto on Caicedo:



El cine y la vida


Por Héctor Soto

Si la pasión compulsiva por el cine comporta algún nivel de desencuentro con el mundo, entonces Andrés Caicedo debería ser elevado a los altares de la cinefilia latinoamericana en calidad de santo y mártir. Muchos de los antecedentes para promover su causa están en el libro que Alberto Fuguet acaba de publicar (Mi cuerpo es una celda, Ed. Norma, Santiago, 2008) a partir del abundante material -diarios, escritos y una impresionante cantidad cartas- que Caicedo dejó tras quitarse la vida el 4 de marzo de 1977. Fuguet, que hizo un trabajo notable en términos de compenetración, no agregó una sola palabra a esos textos y se limitó a ordenarlos en una secuencia que describe el progresivo descenso a los infiernos de este joven colombiano.

Nacido en Cali en 1951, decidió no seguir estudiando tras el colegio, en parte porque eran muchos los proyectos que se sentía llamado a realizar y en parte porque intuía que su tiempo era escaso. Caicedo tuvo mucho de niño prodigio y alcanzó a tocar el cielo con las manos cuando animó un cine club y escribió, con resuelto sentido de urgencia y de agonía, crítica de cine entre los 19 y los 25 años que tenía al morir.

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El problema es que en todo lo demás su vida fue traumática. Nunca se entendió bien con el padre y desarrolló una relación de gran dependencia con la mamá. Quiso escribir guiones para Hollywood sin saber inglés ni tener mayores contactos e hizo un viaje a Estados Unidos del cual como era previsible volvió derrotado. Era tartamudo y este factor, que lo perjudicó en el colegio y en sus sueños de animador cultural, con seguridad lo empujó al mundo de los fármacos. Como tampoco se le dieron bien las cosas en el plano sentimental, Caicedo se fue sintiendo cada vez más acorralado y prefirió acelerar su desenlace con 60 tabletas de Seconal el mismo día que recibía el primer ejemplar de una novela que había escrito.



Leer hoy las críticas de Caicedo –Norma publicó a fines de los 90 el libro Ojo al cine, que reúne gran parte de su producción- es una experiencia fascinante. A lo mejor él nunca fue un paradigma de rigor, pero escribió páginas inolvidables acerca de películas que emocionalmente lo devastaron, como Vértigo, de Hitchcock, como Lilith, de Robert Rossen o Pat Garret y Billy The Kid, de Peckinpah, entre otras. Si en algo se parecen los cinéfilos más empedernidos a los comisarios del estalinismo y a los moralistas que asocian la pantalla con focos de contrabando ideológico o de corrupción desenfrenada es que tienden a sobredimensionar los efectos de las películas que ven. En lo bueno, pero también en lo malo. Para Caicedo el crítico debía sobre todo ser capaz de desmontar por medio de la razón la magia a menudo engañosa de las imágenes del mal cine. En el fondo, porque pensaba que podía ser tóxico. Esos temores fueron muy de su época, cuando el concepto de alienación adquirió contornos poco menos que demoníacos. Hoy semejante paranoia ha bajado. Pero sigue teniendo gran belleza la idea de que una película te puede salvar o condenar.

A Caicedo el cine le entregó muchos de los momentos más luminosos de su vida. Su problema radicaba en lo que venía después de la proyección. Esa película sí que lo superó.

Tuesday, December 02, 2008

despacho desde Calicalibozo


me enviaron este link q salió en La Nación Domingo
de SCL---
creo q apareció el dgo pasado
el diario chileno le pidió al periodista caleño despachar desde la zona cero,
desde Calicalabozo----
este es su informe a raíz de la salida en Colombia
de Mi cuerpo es una celda

Maldita Cali, maldito Andrés


Por Jorge Enrique Rojas,
desde Colombia / La Nación Domingo

El escritor chileno que se obsesionó con el colombiano acaba de presentar Mi cuerpo es una celda, una autobiografía que abre las venas del extraño de pelo largo. Acá un periodista colombiano recorre su ciudad, ese pequeño paraíso de narcotraficantes y capital mundial de las cirugías estéticas, para hablar de ese escritor miope, pero de mirada con precisión quirúrgica, que en sus textos anticipó la maldición.

Seconal. Eso dicen los médicos que fue. Hablan de sesenta pastillas. Cuentan que te las tomaste de un sorbo, que cuando te encontraron ya no había nada qué hacer.

Ahora lo relatan como una monstruosidad, abren los ojos y exageran las vocales al hacer la cuenta ("s-E-s-E-n-t-A"), pero la verdad es que en algún momento de aquel 4 de marzo, mientras el sol posaba todos sus dedos sobre Cali, los barbitúricos estallando al interior de tu estómago menudo llegaron a ser vistos como algo menos perverso que el calor de ese día: antes ya habías intentado suicidarte. Siempre fuiste un chico persistente.

Dicen que lo hiciste varias veces. Algunos dan cuenta de dos intentos, otros hasta de seis. Aunque el número no importa, ya no.

Entre la incredulidad de unos y el sopor silencioso que aturdía a otros, esa mañana de 1977 finalmente cumpliste con tu promesa. Lo habías dicho: "vivir más de 25 años sería una vergüenza".

Pero claro, eso ya lo sabes. Debe parecer una tontería escribirle cartas a un difunto, aunque ésta tenga una razón. Déjame explicarte: hace poco, cuando cumpliste años de muerto, encontré una chica en un bar con una polera que llevaba estampada una foto tuya.

La foto era esa en la que tienes la cerveza en la mano y una mueca que gravita entre la sonrisa del borracho y la liviandad de un suicida resuelto.



Pero cuando ella se movía al vaivén de un reggaeton estridente, todo cambiaba: los pliegues de la tela ondulante convertían tu cara en una mancha retorcida, atravesada por interrogantes que lo deformaban una y otra vez.

La chica tenía una belleza artificial: senos plásticos, uñas postizas, cabello tinturado de rubio. Bebía un refresco con sabor a manzana.

-¿Sabes quién es el tipo que llevas en el pecho?, le pregunté.

-No, me dijo sin dejar de moverse

- ¿Entonces por qué llevas la polera?, insistí.

- Está de moda, ¿no?

- En serio, ¿ni una vaga idea?

- Mmmm en el almacén me dijeron que era un modelo

Esa noche la imagen de la chica dándome respuestas estériles y tu rostro deformado por los movimientos torpes de aquel ritmo torpe, resultaron una metáfora perfecta del desconocimiento que en tu propia ciudad hay de ti.

A veces te desdibujas, Andrés, y por el capricho de algunos y la ignorancia de otros, terminas convertido justamente en eso que nunca quisiste ser. Pero no es tu culpa. Y por eso te escribo. Aquella noche le conté esta historia a la chica del bar.

DIME CÓMO MUERES Y TE DIRE QUIÉN ERES

Según una vieja máxima la muerte es uno de los reflejos más fieles de la vida. Dime cómo mueres y te diré quién eres, bromean con cierta ironía en Colombia, ese país donde los sesenta suicidios por cada cien mil habitantes, lo han convertido en la nación iberoamericana donde más gente se quita la vida. A veces tienen razón. La máxima se cumple.

El muchachito flaco, tartamudo y miope de lentes ovalados que más tarde sería encumbrado a la categoría de prodigio literario, había terminado con su vida justo un día después de que fuera publicada su primera novela.

¡Qué viva la música!, ese banquete sin sosiego narrado a través de su alterego y heroína, "María del Carmen Huertas" era al fin un libro. Y entonces se atragantó con Seconal. "Si dejas obra, muere tranquilo", transmitía en vida.

Andrés empezó precoz y concluyó precoz. Genio al fin y al cabo. Tal vez el único cierto que ha surgido de esa ciudad de apariencias que él veía como un calabozo.

Cali-calabozo, la llamó. Y uno de los pocos capaces de consumar sus manifiestos. A los trece años escribió "El silencio", su primer cuento.


Un texto demasiado sensato para un talento tan prematuro. Aunque no era fortuito: ya desde antes, iluminado en una suerte de régimen autoimpuesto, había empezado su carrera contra el tiempo.

Luis Ospina, hoy director de cine, pero entonces uno de sus amigos más cercarnos, contó un día que desde la madrugada hasta las últimas horas de la noche, Andrés rumiaba sólo en forjar su propia obra, trazar su propio universo, darle vuelta a sus propios antojos y tratar de atesorar la mayor cantidad de escritos, películas y obsesiones, para llegar bien armado a la hora de la parca.

Y lo hizo. Y su universo erigido, o más bien descubierto por esas gafas que alcanzaban a ver lo que otros apenas sospechaban, no fue otro que el de la ciudad que lo encarcelaba, pero que también lo embriagaba.

En una relación de amor-odio que por momentos alcanzó proporciones matemáticas, la contó y la recontó, y la estudió y la putió, como si lo suyo no fuera una expresión, sino la única forma de vomitar esta ciudad.



"Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados... Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo... Odio la Avenida Sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad... Odio a las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y sus calles... ... Cali es una ciudad ramera", escribió en "Infección", el primer relato de una compilación que hace diez años publicó Editorial Norma con el nombre de Calicalabozo.

IMPLANTES

Cali, entonces, era una ciudad de ochocientos mil habitantes surcada por un río aún de aguas azules. Treinta grados a la sombra, eterno verano, mujeres turgentes, la salsa de Richie Ray en las calles y un emergente negocio del narcotráfico que empezaba a prosperar.

Sí, en ese tiempo ya era racista y arribista: tener la mayor población negra del país ha sido desde siempre una suerte de mácula en la solapa para su burguesía.

Y eso tallaba en los zapatos de Caicedo. Mucho más al integrar una familia de clase alta en la que él, siendo lo que era (escritor, teatrero, bohemio, irreverente, drogadicto, cinéfilo y salsero) resultaba todo lo que ellos repugnaban.

La casa de los Caicedo está ubicada en Santa Teresita, un exclusivo sector del Oeste de Cali, hoy poblado de penthouses, por donde pasa la parte más cristalina del río moribundo que todavía insiste en recorrer la ciudad.

Rosario, una trabajadora social que vive en los Estados Unidos y por trece meses la hermana mayor de Andrés, me recibe allí en una tarde de lunes. La ciudad es otra, porque a sus desgracias se sumaron otras.

La mitad de sus habitantes pobres, hoy un pequeño edén de narcos y más recientemente la capital mundial de los implantes y las rinoplastias, pero aun así es conocida como "la sucursal del cielo".

-¿Qué mató a Andrés?

- Entre otras cosas, Cali.

Son las dos de la mañana y he vuelto a ver a la chica. Nos encontramos en el mismo bar de aquella vez. Esta vez una salsa se escurre por los parlantes.

El sitio se llama Evocación y queda sobre la Calle Quinta, esa avenida de asfalto agujereado por la que tanto caminaste con tus botas de suelas desgastadas. Sí, es la misma calle que sigue atravesando la ciudad como una arteria enferma. Aunque ahora lo está más.

Esta chica se llama Ángela. Angelita, le digo, intentando encontrarle el parecido con esa niña de la que hablaste en "Angelitos empantanados", la novela donde internaste a dos adolescentes ricos y enamorados en un viaje por los barrios populares de Cali, que los llevó a descubrir un infierno delicioso.

Pero no se si pueda. Esta Angelita vive en un departamento con un ventanal sin cortinas, por donde se ve la ciudad. Y de noche, bajo la luz mortecina de los postes, Cali se transforma en algo peor. La chica me ofrece una cerveza de la nevera. Vuelvo a ver la polera.

Está sobre el mesón y ahora es un trapo con el que Angelita seca los trastos y limpia la mugre. Tu cara ahora es una mancha viscosa de grasa y restos de comida, que te hacen ver como muerto irrespetado.

Dejo de mirarte. Ella está desnuda. En la radio suena la misma canción. Lavoe habla de una chica triste y vacía.

Tuesday, December 16, 2008

HURT


un poco atrasado, pero ahora ya hay crítica chilena. Alvaro Bisama indaga y explora
a Caicedo en El Mercurio

Domingo 14 de diciembre de 2008
Rev de Libros /Artes y Letras -El M

"Mi cuerpo es una celda":
Un imperio de miseria

La figura de este escritor y mito colombiano revive en una "autobiografía" construida por Alberto Fuguet, quien recopiló y editó sus diarios personales, cartas privadas, críticas de cine, poemas perdidos y cuanto tuviera a mano.

ÁLVARO BISAMA

En uno de sus momentos más paradójicos, Mi cuerpo es una celda puede ser leído como un pequeño cuento moral respecto de las relaciones del intelectual latinoamericano con la cultura global. Eso, porque en su punto más desquiciado Andrés Caicedo (1951-1977), colombiano, escritor suicida y cinesifilítico, se pierde en Estados Unidos intentando escribir y vender un par de guiones (escritos en un inglés que nadie parece entender) para unas películas de terror basadas en la obra de Lovecraft.

Parece un chiste y es una de las muchas interpretaciones que puede tener el texto. Lo puntual: a Caicedo le va mal. Derrotado, termina volviendo sobre sus pasos y retornando a la intensidad del tedio de la vida colombiana de Cali. Pero esta anécdota queda grabada y quizás puede revelar por qué al chileno Alberto Fuguet (quien montó esta "autobiografía" de Caicedo sobre fragmentos de diarios personales, cartas privadas, críticas de cine, poemas perdidos y cuanto tuviera a mano) le interesa la vida y obra del colombiano: el angst vital de Caicedo es quizás parecido al que esgrimen casi siempre sus personajes, expertos en extraviarse y encontrarse en lugares insólitos o cercanos.

Pero hay una trampa ahí. Leer el volumen como una obra de Fuguet le resta la virtud más provocadora que puede esgrimir el relato ante el lector: por derecho propio, Andrés Caicedo puede ser interpretado -más allá o más acá de las hagiografías sobre el exceso, la locura o la banalidad- como un poderoso símbolo cultural. Aquello recae en su involuntaria capacidad de sintetizar el espíritu de la época que le tocó -los 70, el boom, los golpes de estado en América Latina, el cine de Bergman y Truffaut, la cocaína- y volverla involuntariamente la mejor virtud de su escritura. Por supuesto, aquello está en algunos de sus otros libros (el demoledor compendio de reseñas Ojo al cine o la novela Que viva la música) pero acá resucita (¿Caicedo como un zombi literario?) con fuerza y claridad reveladoras gracias a la condición patética, contradictoria y frágil de su voz: "Palabras, palabras fuertes mías, concédanme unos sueños en los que pueda mirar al futuro (...) que mande yo, que mande el que habita en mí y hace cinco años que no sale".

Bajo todo eso, yace una historia tan sencilla como dramática, la de un adolescente amalditado que escapa de su Cali natal (a la que llama Calicalabozo: "No quiero más a esta ciudad, no así de cerca") para perderse y fracasar en sus sueños americanos de fuga y finalmente retornar a un país que lo abruma, mientras busca -por medio de adicciones tan diversas como la fiesta, las drogas, el cine, la literatura y el deseo- un modo de remontar su propia desesperación: "Me tomé, impecablemente, 25 Valiums Blues y me hice profundas cortadas en las muñecas con el cuchillo de cocina más oxidado que pude encontrar: no me pasó nada (...) las heridas están perfectamente cicatrizadas".

Por lo mismo, en el libro se vuelve relevante leer, al lado de los fragmentos puramente biográficos, las reseñas de cine de Caicedo, verdaderas instantáneas de su universo en descomposición. Quizás el valor central del texto y de la obra de Caicedo está acá, donde el morbo de la autodestrucción cede a algo más profundo, menos ligero o romántico, infinitamente más viscoso. Interesa así, más que el artista que se automutila y esparce su reino de miseria mientras se dopa con Seconal y fetichiza a los Rolling Stones, el perfil del crítico de cine que pone a prueba los límites de su escritura. Ese gesto, donde el héroe se acerca de modo inexorable a la propia destrucción, el silencio se homologa como una forma de la paz interior, lo que conmueve al lector.

Ese espectáculo -que podría estar, sobre todo hacia el final, acompañado con Hurt de Nine Inch Nails como fondo- es el de la demolición de la personalidad, percibido por el lector en una alucinante confusión final, como si la alucinante obsesión del colombiano por una juventud congelada esbozara, contradictoriamente, los estigmas terminales de una madurez desconsoladora y prematura. Dice Caicedo: "No puedo más con la vejez de mi adolescencia" (...) No estoy bien vivo. Estoy muerto".

Tuesday, November 11, 2008

blogs, posts y la red en Página 12

hoy en Pagina 12, de Buenos Aires
en el marco de la FILBA del MALBA,
apareció esto, publicado...

Martes, 11 de Noviembre de 2008

Alberto Fuguet y las nuevas historias
en torno de la web


El escritor y cineasta chileno, invitado al Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba), analiza las formas y expresiones surgidas al amparo de los blogs. “El texto es el fuerte, el soporte es el medio”, considera.

Por Silvina Friera

Alberto Fuguet afirma que autores como Pessoa o Pavese hoy tendrían blogs.
Cuando a fines de los ’70 llegó a Santiago de Chile, una ciudad sitiada por el terror de la dictadura pinochetista, tenía 12 años y no sabía decir una palabra en español. Ese adolescente criado en California (Estados Unidos) estaba descolocado. Los libros y el cine fueron un cable a tierra que le permitió, poco a poco, integrarse. Encontrar su lugar en el mundo. De Alberto Fuguet, escritor y cineasta influyente en muchos narradores contemporáneos por su oposición al realismo mágico –en su recopilación de cuentos McOndo, de varios autores, apostó por una literatura más real y urbana–, se podría decir que anda festivaleando a dos orillas.

Acaba de llegar al país para sumarse al Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba), que comienza mañana, donde participará en un panel sobre Roberto Bolaño y en otro con el prometedor título de “Autobombo y plagio en la red”. Pero pronto, cuenta el autor de Sobredosis, Mala onda y Las películas de mi vida, se dedicará a festivalear su
reciente corto 2 horas.



“Estoy intentando poder llevar la intimidad de la literatura y la libertad económica a lo audiovisual”, confiesa el escritor chileno. “Creo que se puede; cuesta pero algo se puede hacer. No me parece correcto ni justo que el cine esté en manos de Pol-Ka o de Paramount, ni del Estado ni menos de festivales de arte como Rotterdam. Me parece que debe haber una manera. Y si no da para largos, hacer cortos o documentales o clips. Para mí filmar es tanto o más importante que escribir y la red me puede ayudar. No quizás a financiarlas, pero al menos a que lleguen a mucha gente. Y no sólo dentro del país.”


–En un texto titulado El blog del desasosiego, dice que “en la estratosfera de los blogs, la gente simplemente quiere ser, no contar. Quiere mostrarse”. ¿Por qué se da este fenómeno de exhibirse entre los escritores que tienen blog?

–A lo que me refería es a la gente “normal”, no a los escritores “profesionales”, o, digamos, escritores que ya han publicado libros y, por ejemplo, han dado entrevistas. Mi impresión es que aún son pocos los autores-bloggers. Hay millones de gente “normal” (o quizá no tan normal) que escriben, se exhiben, se confiesan, se exponen. Claro, usan la palabra, las fotos, las imágenes y la música para existir, para ser, para no ser uno más, para ser alguien importante o alguien mejor o alguien distinto en la red. Si bien debe haber excepciones, no veo mucha gente narrando en el sentido tradicional. Contando ficciones. Sí hacen una suerte de confesiones a lo San Agustín o un “vida in progress” donde lo memorable está muchas veces en el mismo nivel de lo cotidiano. De verdad no conozco escritores que hacen de su vida un espectáculo; si hay cantantes o rockeros o incluso figuras públicas o celebrities. Entre toda esa gente anónima de la red, surgirán escritores que publicarán de una manera más tradicional.

¿A qué atribuye esta necesidad generalizada de espectacularización de la vida?
–La vida es una película. Todo ahora es show. Pero insisto: no todos hacen show en la vida real ni en la red. Hay gente que se ve a sí misma como una cinta de arte o un documental de bajo presupuesto. Quizá todos sienten que desean ser parte de la red, del gran escenario, pero no todos creen que la vida es un programa de farándula. Supongo que publicar es mostrarse, exhibirse, sea en la red o en las librerías; pero otra cosa es hacer show, quilombo e inventarse un personaje. Yo al menos creo que la literatura tiene que ver con encontrar un modo de expresarte mejor de lo que te expresas en la vida.

–Así como se suele decir que hay historias o anécdotas que no pueden ser escritas, ¿por qué en la red todo vale? ¿Por qué un sujeto equis cree que su diario íntimo puede ser interesante para otro?



–No todo vale, por cierto, pero en la red todos sí pueden estar. Y aquí creo que es bueno destacar que tanto la industria editorial como la periodística sólo permiten el ingreso de algunos. En la red, no todo vale, pero todo se hace y pareciera que están todos. Al no haber filtro en la red, puede estar alguien que cuente cosas que no nos interese, sin dudas. ¿Pero acaso eso no sucede en el mundo real o análogo? Y tal como en el mundo real, son pocos los que son populares. Mi impresión es que esos diarios íntimos que hay en la red son menos leídos que los que están escondidos con llave en un cajón. Entonces, en la red todo puede estar, pero la red se parece a la vida y, por eso, no todo se lee, no todo funciona, no todo logra su objetivo. Lo bueno es que a la larga sí puede suceder. Quizá los diarios de Kafka o Pavese o Andrés Caicedo ahora serían desconocidos o losers de la red.
–¿Qué queda para la esfera de la intimidad si todo está en la red?

–No todo está en la red. Lo que está en la red es lo que la gente quiere que esté en la red. Desde una versión mejorada del sujeto o, incluso, una versión autoflagelada. En la red todo es post, fragmentos, trozos. Pero en la calle queda y mucho. A pesar de que para la gente más joven la distinción entre lo privado y lo público es menor, de alguna manera en el mundo real también lo es. Pero ojo, no porque alguien aparezca desnudo o teniendo sexo o contando si se masturbó anoche significa que revela mucho. Revela una parte. Aún existe esa distinción entre lo íntimo y lo público, y al arte o a la literatura les corresponde trabajar en lo privado y llevarlo a lo público pero sin dañarlo, sin transformarlo en algo vulgar, expuesto. La intimidad masificada es más show, espectáculo o, lo que es peor, circo. Llorar de pena ante las cámaras, ¿es íntimo?

A pesar de que el escritor y cineasta chileno tiene dos blogs (www.albertofuguet.blogspot.com y las www.laspeliculasdemivida.blogspot.com) dice que no se siente un blogger. Al menos uno profesional. A corto plazo está involucrado con dos proyectos de red: www.albertofuguet.cl, que unirá sus dos blogs, y www.cinepata.com, una distribuidora de cine digital gratuita para que la gente descargue films, cortos, clips y otros proyectos audiovisuales.

“Tengo blogs para poder saltearme la prensa. Cuando alguien aparece en la prensa, es porque está lanzando un libro o está de gira. Y, por otro lado, para saltearme lo local. Un post mío aparece en todo el mundo y, sobre todo, en el mundo hispanohablante”, señala Fuguet. “La verdad es que no uso el blog para probar cuentos o para conversar con posibles lectores. Supongo que podría, pero no estoy en la red para responder posts o para hacer amigos nuevos sino simplemente para intervenir, para colocar cosas que me interesan, para tener, por así decirlo, mi propio medio y mi propia agencia de comunicaciones. Y pronto tendré mi propia distribuidora de cine.”

Apunta directo al blanco, sin vacilaciones, cuando define qué es un plagio. “Plagiar es intentar pasar por propio algo ajeno. Seguro que sucede y mucho en la red, más que en la vida real. Pero en la red es tan común apropiar, citar, linkear... Plagiar no es una palabra muy adecuada para la red. Ahora aquel que linkea o cita o comparte también es considerado un autor, por lo tanto plagiar ya no se vuelve algo tan necesario. Además, los que lo hacen saben que es muy fácil captar si algo es o no es propio”, plantea Fuguet.

¿Por qué dijo que “la blogosfera no es un arte y ojalá nunca lo sea”?

–¿Dije eso? (Risas.) No lo sé, claramente me parece más sano que sea un espacio abierto donde quizás haya arte pero también haya de todo. En la red no hay que sentir nunca que se debe pedir permiso para ingresar. La gracia es que puedes encontrar de todo. El que busca encuentra, digamos.

–¿El que escribe en un blog genera obra?

–Genera obra, sí. No sé si toda esa obra da para un libro, pero quizás muchos de esos posts sí pueden funcionar. En mi caso, una parte de Apuntes autistas fue sacado de mi blog. Ahora que lo pienso, supongo que probé mis textos, pero no lo siento así puesto que no uso estadísticas ni permito comentarios.

–Pareciera haber una tendencia que consiste en publicar libros con textos y relatos escritos originalmente en blogs. ¿Qué opina sobre este fenómeno?

–Es una moda y pasará. Al final no es más que un remix del formato epistolar. Y como en todo, puede haber cosas muy tontas y lights hasta libros notables. Un texto escrito desde adentro, personal, o simplemente un buen texto, puede resistirlo todo: estar en la red, en un blog, en un diario o suplemento. El texto es el fuerte, el soporte es el medio.

–Usted señaló que Fernando Pessoa sería hoy un blogger perfecto, ¿qué otros poetas o escritores podrían entrar dentro de esa categoría?

–Aquellos que necesitan contar lo que están haciendo. Que necesitan cada tanto dejar testimonio de sensaciones o cosas que le sucedieron. También, como en el caso de Pessoa, aquellos que entienden que, cambiando de nombre, pueden escribir de otra manera. No me siento experto en el mundo de la poesía, pero se me ocurre que la red es un gran sitio para ellos. Ahora publiqué un libro llamado Mi cuerpo es una celda, una suerte de autobiografía del escritor colombiano Andrés Caicedo, que se mató a los 25 años en 1977. El enviaba y enviaba cartas, casi a destinatarios desconocidos. Sin duda, Caicedo era un blogger, un tipo que necesitaba postear más de una vez al día. Todos aquellos escritores que tuvieron una gran correspondencia o tuvieron diarios son autores que hoy encontraríamos en la red. Desde Pizarnik a Pavese, todo aquel que siente que necesita comunicarse pero no sabe cómo, la red es un hogar.

Friday, September 19, 2008

mi cuerpo es una celda-- lanzamiento continental



un trabajo largo, q comenzó hace año y medio, y una obsesión que partió cuando lo leí
por primera vez por ahi por el año 2000, se está cerrando

MI CUERPO ES UNA CELDA, la autobiografía de Andrés Caicedo, está llegando a su fin
o, mejor dicho, está partiendo porque lo que está cerrando para mi, se abrirá pronto
para los lectores.

esta es la portada, en exclusiva:


La verdad es que muy muy contento con el trabajo de Norma y de mi editor, Sergio Gómez, aliado de tantos años.

El libro se lanzará en SANTIAGO DE CHILE, en el marco de la feria, el 9 de noviembre.

Luego lo presentaré en el país de Caicedo, en Bogotá, COLOMBIA, a fines de noviembre (por ahi x el 27 aunque no está 100% confirmado)

La gira terminará en México, en la FIL, en Guadalajara, MEXICO, en una presentación el día domingo 30 de noviembre.

es decir sur, centro y norte para de ahi repartirse a los países que están entre medio.

El libro también estará disponible durante noviembre en Peru, Ecuador y Venezuela;
en algunos de ellos habrá, también, presentaciones.

En Argentina saldrá para la feria del libro de Bs As, es decir, abril 09.



más info, pronto...

Thursday, December 04, 2008

triste, liminal, escindido

por un tiempo, abusaré de este blog
por unos días, será el blog Caicedo
o el de Mi cuerpo es una celda

están apareciendo críticas
en todas partes.
esta particularmente me impactó y agradó
porque es era la idea:
hacer un libro liminal, triste, duro

aqui va lo q escribió Juan David Correa
en El Espectador de Colombia


4 Diciembre 2008

Un libro triste

x Juan David Correa Ulloa

A los quince años descubrí con una emoción desmedida la obra de Andrés Caicedo. Durante un buen tiempo leí todo lo que pude sobre él. Averigüé, pregunté, y sufrí una sobredosis. Entonces, Caicedo se quedó en una especie de limbo en el que permaneció a pesar de los libros que han recopilado amigos suyos como Sandro Romero Rey. Esos libros, sin duda, eran documentos relevantes, pero mi vena hacia Caicedo estaba, así lo creía yo, irremediablemente rota. No le encontraba ya gracia a sus textos literarios. Y comenzaba a creer que el mito de Andrés Caicedo era algo creado, que superaba sus propias esperanzas cuando estaba vivo.

Así que llegué con muchas reservas a Mi cuerpo es una celda, una autobiografía “dirigida y montada” por el escritor y director de cine Alberto Fuguet. Debo decir también que el término de dirección y montaje se me antojó pretencioso e innecesario. Lo abrí con todos esos prejuicios y no bien comencé a leer; apenas comencé a adentrarme en eso que Fuguet decidió llamar montaje y que digamos a mí me parece solo edición, comprendí que estaba ante uno de los libros más hermosos, complejos, duros, brutales, y aterradores que haya leído.

El testimonio que logró “montar” Fuguet sobre Andrés Caicedo, ese hombrecito que quiso morir de una sobredosis de cine pero que solo pudo cumplir con Seconal, el más precoz de los escritores colombianos, el mismo que se adelantó a un montón de cosas en nuestra crítica y literatura; la vida de ese muchacho de Cali que hizo obras de teatro a los 16 años, escribió cuentos, fundó la revista Ojo al cine con Luis Ospina; hizo cortos con Carlos Mayolo, y se enamoró sin remedio de Patricia Restrepo; la vida, digo, de ese muchacho, está contenida con tanta hondura, con tanto acierto en este libro que, me temo, será el encargado de que ese mito que creía yo desmedido, se convierta en verdad, en permanencia.

Fuguet ha creado un guión —para seguirle la corriente— imperfecto y bestial. Ha recuperado, cortando aquí y allá, parte de su correspondencia, de su crítica, de sus papelitos olividados, de sus notas de cuaderno, y nos los ha devuelto quizá con la mirada desinteresada de quien no conocía a Andrés Caicedo. Y lo ha logrado. Y creo que no me equivoco si digo que este es el mejor libro de Andrés Caicedo: el que escribió pensando en que “el cine era mejor que la vida”.

Friday, November 21, 2008

blogs amigos bloguean Caicedo

a punto de partir con la gira MI CUERPO ES UNA CELDA,
el libro ha estado funcionando muy, muy bien en Chile, su país debut.

aquellos q no han encontrado el libro en las librerias chilenas, la razón es simple: se agotó la ayuda (la reposición) viene en camino, asi q es cosa de regresar.


dos amigos han posteado sus impresiones acerca del libro:

uno, AA, que fue mi editor, y q partió conmigo este proyecto cuando era sólo eso, un proyecto, despacha desde España; y el otro, RM, del arbitrario e inteno sitio caicediano www.cineconchile.com, lo hacen el blog peruano Cinencuentro

aquí van los links, los dos son lecturas personales y emocionales,
algo q, veo, es lo que produce la prosa lúcida y descarnada de AC

http://www.cinencuentro.com/2008/11/21/mi-cuerpo-es-una-celda-autobiografia-andres-caicedo/


http://alejandroaliaga.blogspot.com/2008/11/andrs-caicedo-mellon-collie-and.html

Tuesday, November 18, 2008

la vida blog

de regreso de Baires y del Filba y con muchas ideas nuevas en la cabeza:

converse, debatí, charlé mucho acerca del tema. aún no me queda claro nada
pero si ando entusiasmado-estimulado, q es como se mide si un viaje fue exitoso, creo.

supongo que sigo pensando y creyendo lo que dije aquí en Clarin y en Página 12 pero tb ahora dudo...
creo que los blogs crean identidad, arma via la palabra seres o heterónimos (sean o no sean leídos) y que, si bien creo que muchos los autores anónimos de la red quiere, eventualmente, llevar sus textos a la red, tb es cierto que otros simplemente están escribiendo y bien y contentos en la red.

en todo caso, es un buen momento
y me alegro estar presenciándolo y viviéndolo

como me dijo un blogger de nombre Agustin Prats q escribe una novela
en la red, tb le sirve para conquistar chicas, o groupies literarias, lo
que, sin duda, es respetable... su idea es postear y postear la novela
hasta tenerla lista y... publicarla en papel :)

http://www.ysimenieganelblog.blogspot.com/



aqui va lo de Clarin del domingo pasado



foto de Andres Delia
frente a mi laptop en el hotel City (el otro, el NH de Bs As)

“El blog no es literatura, es vida literaria”


ENTREVISTA ALBERTO FUGUET, ESCRITOR Y CINEASTA

El autor de “Mala onda” habla de su relación con las nuevas tecnologías.

por Ana Prieto

No sé si soy tan bueno para contar historias”, dice el escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet. “A mí me interesa captar una cierta sensibilidad, compartir una ética más que una estética, y crear personajes con los que alguien pueda empatizar y a la larga sentirse acompañado”. En ese camino, Fuguet también trabaja sobre personajes reales. Acaba de publicar Mi cuerpo es una celda, una “autobiografía” del autor colombiano Andrés Caicedo, de la que Fuguet se atribuye el crédito de “producción y montaje” y que llegará a las librerías argentinas en 2009.

Mantiene dos blogs pero no se considera blogger (”para serlo, tendría que dedicarle más horas”), y en ellos no admite comentarios ni chequea las estadísticas. “Ahí no publico cuentos, ni poemas y no creo mucho en la interactividad que proponen. Los poemas que trascienden no son interactivos en el sentido básico de la palabra. Yo nunca chateé con Alejandra Pizarnik, ni me hubiera hecho falta. Seguro que ella interactuó con gente que opinó sobre sus poemas, pero ése es un tema privado.¿Qué esperas que te digan de un texto posteado, que es bueno, que es malo? Eso es como de la tele. Entiendo que los blogs puedan servir para leer e intercambiar cosas con gente que está lejos, pero eso no es literatura, es vida literaria. La interactividad de un texto pasa por leerlo, subrayarlo, recomendarlo, prestarlo. En eso sí la Red le gana a la prensa.

Pero la Red sale perdiendo con los textos largos.

Como gran frase cliché yo digo que la Red se parece mucho a la vida, en la que también hay restricciones. Por una cuestión, si se quiere anatómica, uno no puede estar más de tres horas en el cine. La televisión, en cambio, propone una cantidad de horas inconcebibles, casi inmorales. Yo estoy viendo Dexter, temporada 3, y es como haber visto ya tres o cuatro o mas largometrajes. En las novelas ocurre algo similar. ¿Pueden ser tan largas? 2666 de Bolaño me parece un poco exagerada; él mismo hubiera querido que fueran novelas cortas, ligadas, porque el peso físico del libro y su precio no es broma, al igual que el tiempo que se invierte leyéndolo. Pero así como la televisión descubrió que podía hacer lo que el cine no, tal vez en la Web todavía haya algo por descubrir.

¿Se agotaron los formatos literarios?

Mi impresión es que ya todo se inventó, pero siento que ahora soy más fragmentado, y me gusta. Antes cualquier cosa no lineal me mareaba. De la Red he aprendido eso: la necesidad de los espacios en blanco. En el blog escribo más para abajo que para el costado, y me ocupo de que mis libros tengan aire interno. Más que la creación de algo nuevo, la Red nos puede enseñar eso. Porque a la larga, el mundo literario siempre ha tenido que ver con la seducción y con el misterio.

Otras artes han logrado llegar a altos niveles de abstracción ¿Qué opina, en este sentido, del cine?

Creo que lo más impresionante que ha ocurrido con el cine es HBO, es uno de los momentos históricos, tal como cuando se inventó el sonido o el color, que dividió el mundo audiovisual en dos, justamente por el manejo del tiempo, del que hablaba. Como el cine tiene que durar alrededor de dos horas, debería ser más parecido a la poesía: narrar momentos, sensaciones, los asiáticos lo hacen muy bien. El desarrollo de los personajes, funciona mejor en la televisión.

En nuestras sociedades, tan espectacularizadas, ¿dónde trazaría la línea entre la expresión y el exhibicionismo?

El exhibicionismo es no poder manejar tu ansiedad, no estar tranquilo con tu ego. Yo trazaría la línea en el buen gusto, simplemente.

Monday, April 28, 2008

mi cuerpo es una... ¿celda?


actualmente escuchando, por freeways
ardiendo de calor mientras cae la noche en la ciudad de los angeles y los demonios,
The Arcade Fire
el disco se llama The Neon Bible
como la novela perdida de Kennedy O´Toole

confieso que no los conocia
no tenia idea
una amiga me los pasó
gracias
great gift

ahora estan entre mis bandas favoritas---
ya asocio ELEI con ellos

tema favorito:
uno q dice que Mi cuerpo es una celda..

eh...como el tema de Hormigas, de la banda sonora de Se arrienda...
el tema de Valdivia y Heyne mas letra de...
más letra mia?

si, igual
sincronía
hermandad cósmica

les recomiendo My Body is a Cage
temazo

patudamente
me gustaría hacerles un clip
pero ya tienen uno...
pero no me gusta nada divertido, meta, como se dice en la academia, leone pero... no tiene nada q ver con el tema, con la letra, con el tono, con el mood nada



THE ARCADE FIRE


"My Body Is A Cage"

My body is a cage that keeps me
From dancing with the one I love
But my mind holds the key

My body is a cage that keeps me
From dancing with the one I love
But my mind holds the key

I'm standing on a stage
Of fear and self-doubt
It's a hollow play
But they'll clap anyway

My body is a cage that keeps me
From dancing with the one I love
But my mind holds the key

You're standing next to me
My mind holds the key

I'm living in an age
That calls darkness light
Though my language is dead
Still the shapes fill my head

I'm living in an age
Whose name I don't know
Though the fear keeps me moving
Still my heart beats so slow

My body is a cage that keeps me
From dancing with the one I love
But my mind holds the key

You're standing next to me
My mind holds the key
My body is a

My body is a cage
We take what we're given
Just because you've forgotten
That don't mean you're forgiven

I'm living in an age
That screams my name at night
But when I get to the doorway
There's no one in sight

My body is a cage that keeps me
From dancing with the one I love
But my mind holds the key

You're standing next to me
My mind holds the key

Set my spirit free
Set my spirit free
Set my body free